Paseando por el cementerio de Montparnasse, el Lobo encontró a Brancusi. Era un día gris de otoño, de los que no abren ninguna puerta a la conversación, y entonces él me recitó un poema sin palabras. Un poema de piedra, eterno por tanto, e indiferente a todas las miradas. Vegetal y piedra, verde y gris. Amor y muerte.
Este pequeño ensayo no tiene otra intención que expresar las sensaciones que El Beso me produjo la primera y última vez que lo vi.
Constantin Brancusi: "El Beso" (1908) Cementerio de Montparnasse, Paris