La solitude organisative

Miquel Barceló, La solitude organisative, 2008. Colección D'Ercole, Roma


La travesía del desierto

Miquel Barceló, La travessia del desert/La travesía del desierto, 1988


Sin título

Miquel Barceló, Sin título, 2001-2003

Miquel Barceló. 1983-2009 - Solitude organisative


CaixaForum Madrid repasa la trayectoria de Miquel Barceló en una gran muestra que permitirá al espectador acercarse a su experiencia creativa
Del 10 de febrero al 13 de junio de 2010

Fuente: Caixaforum Madrid
La muestra incluye objetos experimentales e incluso privados, colocados junto a obras clave, sobre todo pinturas, así como obras cerámicas y escultóricas, gouaches, acuarelas, dibujos, carteles, libros y cuadernos de viaje. Todo, para subrayar el ritmo y la variedad de su trayectoria.

Por este motivo, el artista se ha implicado directamente en la selección de las obras, además de prestar algunas telas de su propia colección, lo que permite transformar la muestra en un auténtico acontecimiento, y no tanto en una retrospectiva de su trabajo.

Muchas de las obras ponen a prueba las técnicas y los géneros artísticos de una manera tremendamente original: bodegones y retratos tridimensionales, cerámicas que recuerdan bestiarios y recipientes antiguos, y aguadas delicadas y dibujos traslúcidos en los que las imágenes prácticamente se desvanecen.

La solitude organisative
El subtítulo de la exposición, La solitude organisative, remite al nombre de un cuadro reciente del artista mallorquín: el retrato de un gorila de aspecto serio sentado en un rincón. La obra, que fue expuesta en la Bienal de Venecia de 2009, en la que Miquel Barceló fue escogido para representar a España, se pintó en uno de los lienzos manchados que en su día habían cubierto el suelo de la plataforma utilizada en Ginebra para su encargo en la Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones del Palacio de las Naciones Unidas, y que se recuperaron como nuevo soporte.

ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN

El mar, el museo, la biblioteca y el estudio
En los inicios de su carrera, la obra de Barceló mantenía estrechos vínculos con el arte conceptual y procesual. En los primeros años ochenta, Barceló trabajaba a cuatro patas, extendiendo los lienzos sobre el suelo, donde la pintura creaba severas construcciones rocosas y ondulantes. Barceló buscaba la sensación de ambigüedad que permitiría al espectador acercarse al cuadro y contemplar la superficie pictórica como si de una «piel» se tratara.

Un repertorio de la esperanza humana
Estas acuarelas corresponden al encargo de ilustrar La divina comedia de Dante. Muchas de ellas no han sido nunca expuestas y algunas no fueron utilizadas finalmente en la edición del libro. Como afirmó la historiadora de arte Dore Ashton, «cuando Dante y Virgilio contemplan una barca umbría se parece mucho a las maravillosas acuarelas de barcas nocturnas navegando por el Níger de Barceló»

«Todos estos cuadros pertenecen al mundo terrenal»
Las densas capas de materia de las pinturas de esta sala imitan los procesos naturales, con adiciones, depósitos materiales y grietas. Sus fondos presentan una gama de tonalidades que comprende desde los campos bañados por el sol hasta las frías pinceladas azul grisáceas que imitan la transparencia del calamar y las cebollas, pasando por superficies monocromáticas descoloridas y secas.

Huir del exceso
En 1987, Barceló sintió la necesidad de «huir del exceso» y empezó a crear pinturas y dibujos de agujeros y de luz. Esta tendencia adquirió un significado especial cuando atravesó los espacios áridos y vacíos del desierto del Sáhara en 1988, encontrándose con el árido paisaje africano y una «desintoxicación» del exceso de Occidente. Esta experiencia inspiró pinturas extraordinarias en las que predominan pálidas tonalidades monocromáticas y diminutas sombras.

Un diario
Ésta es la sala más autobiográfica, pues contiene cuadernos de bocetos, acuarelas y pinturas portátiles referidos a los viajes mentales y físicos del artista. Constituye, con más de 70 piezas —muchas de ellas prestadas de su estudio— una especie de inventario de su creación durante más de 25 años.

Chemin de lumière
El montaje escénico en esta sala tiene por objeto evocar obras vislumbradas a la luz de la luna o gracias a pequeñas lámparas de aceite, así como la experiencia de imágenes captadas en iglesias iluminadas por una luz tenue y en santuarios animistas. Chemin de lumière (1986), pintado en Nueva York en noviembre de 1986, muestra un campo de linternas encendidas que remite a las luces de la bahía enfrente de su taller en Farrutx.

Retratos
Todas las personas representadas en esta sala son conocidas y admiradas por el artista. En ocasiones, sus retratos conllevan asociaciones culturales, como el de la historiadora de arte Dore Ashton, por ejemplo, creado tras haber visitado juntos los museos de Viena, en un estilo que recuerda a los artistas de principios del siglo XX (como Kokoschka). En esta misma línea encontramos los retratos a su amigo Achille, a su regreso de un viaje conjunto de dos meses de duración por los monasterios budistas del Himalaya, o a su marchante Bruno Bischofberger, rodeado de cuadros, efectuado en 1993.


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