1820-22
Fresco trasladado a lienzo, 134- 80 cm. – Madrid, Museo del Prado
En 1819, Goya se traslada a la una finca en las afueras de Madrid –posteriormente conocida como la “Quinta del Sordo”- y comienza a decorarla con una serie de pinturas espeluznantes de aquelarres, brujas y escenas terribles como el infame "Saturno devorando a su hijo". En medio de tal panorama, al lado de una puerta, solo y desamparado, encontramos "Un perro". Esta es quizás la pintura más enigmática de toda la Quinta. En ella se nos muestra a un perro, totalmente oculto a excepción de su cabeza, en medio de un fondo ocre. Nada más se nos dice o se nos aclara sobre el protagonista o el significado del fresco. ¿Dónde está ese perro? ¿A dónde o a qué está mirando? ¿Se hunde, o por el contrario asoma su cabeza con cautela, temeroso de algo que no somos capaces de intuir? De esta pintura se han hecho infinidad de interpretaciones, asociando al perro tanto a la figura infernal que guía a los muertos como a un símbolo del abandono y el desamparo.
Texto: G. Fernández, www.theartwolf.com
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