1891
óleo sobre lienzo, 88- 93 cm. - colección privada, Estados Unidos
Claude Monet es el pintor impresionista por antonomasia, un genio autor de la célebre serie de La catedral de Rouen –la cumbre del impresionismo- y los Nenúfares, descritos como “la capilla sixtina del impresionismo”, aunque en realidad van más allá, esbozando ya la abstracción. Sin embargo, su mayor cota lírica la alcanza en este cuadro extrañamente irresistible. La composición posee la extraña belleza de un haiku japonés, asimétrica y conmovedora, mientras las hojas de los álamos se desdoblan en una gama de rojos y púrpuras, concluyendo en un azul que haría enrojecer de envidia a Yves Klein. Es, en definitiva, Monet en su máximo esplendor, aquel artista que “quisiera pintar como el pájaro canta”, y que, en obras como esta, lo consigue.
Texto: G. Fernández, www.theartwolf.com
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