(en orden cronológico)
Alberto Durero:
Autorretrato como Ecce Homo, c.1500
Leonardo da Vinci:
Autorretrato, c.1512
Rembrandt van Rijn:
Autorretrato, 1659
Vincent van Gogh:
Autorretrato con la oreja vendada, 1889
Pablo Picasso:
Autorretrato, 1901
Egon Schiele:
Self-portrait, 1911
Max Beckmann:
Autorretrato con vaso de champagne, 1919
Frida Kahlo:
La columna rota (Autorretrato), 1944
Francis Bacon:
Autorretrato, 1971
Jean-Michelle Basquiat:
Autorretrato, 1982
óleo sobre lienzo, Museo Dolores Olmedo, Mexico - © Artists Rights Society (ARS), New York/VG Bild-Kunst, Bonn

El 17 de septiembre de 1925, un accidente de autobús estuvo a punto de costarle la vida a una joven mexicana de tan sólo 17 años llamada Frida Kahlo. No murió, pero las secuelas del siniestro dejarían profundas huellas, tanto físicas (32 operaciones, incapacidad para tener hijos, uso de corsé y dolores crónicos) como psicológicas, estas últimas acentuadas por la tormentosa relación con el también pintor Diego Rivera.
“La columna rota” es un desgarrador testimonio del sufrimiento que acompañó a Frida durante toda su vida. La artista se ha representado desnuda de cintura para arriba, con un corsé que envuelve su cuerpo desnudo, en el que una inhumana brecha permite observar como una columna clásica rota en varios fragmentos sustituye a su columna vertebral, claro símbolo de su columna destrozada tras el accidente de autobús. Además. Frida no duda en representar sus facciones “antiestéticas” (cejas extremadamente juntas, vello sobre la boca…) de una manera mucho más notoria que lo que las fotografías de la época. Cuando hablamos de los autorretratos de Rembrandt, notamos que el artista no muestra ni un ápice de autocompasión. Muy diferente es el caso de Frida, cuyos autorretratos parecen lamentos silenciosos.