(en orden cronológico)
Alberto Durero: Autorretrato como Ecce Homo, c.1500
Leonardo da Vinci: Autorretrato c.1512
Rembrandt van Rijn: Autorretrato, 1659
Vincent van Gogh: Autorretrato con la oreja vendada, 1889
Pablo Picasso: Autorretrato, 1901
Egon Schiele: Autorretrato, 1911
Max Beckmann: Autorretrato con vaso de champagne, 1919
Frida Kahlo: La columna rota (autorretrato), 1944
Francis Bacon: Autorretrato, 1971
Jean-Michelle Basquiat: Autorretrato, 1982
óleo sobre lienzo, 81-60 cm ., Paris, Museo Picasso - © Artists Rights Society (ARS), New York/VG Bild-Kunst, Bonn

Picasso llegó a Paris sin haber cumplido todavía los 20 años, y sus comienzos en la Meca del Arte del momento no fueron sencillos. Sólo y sin demasiado dinero, el joven genio vagabundeaba por la capital francesa inmerso en el ambiente bohemio de la noche parisina. Pobres, prostitutas, alcohólicos… Picasso comienza a representar el mundo en el que se veía inmerso con un peculiar estilo de fantasmales figuras alargadas y pálidas, situadas en un melancólico universo de tonos azules. Es el comienzo de lo que vendría a llamar el “Periodo Azul” del artista.
Este autorretrato de ese mismo año no fue el primero que Picasso realizó de si mismo, pero sí es una de las primeras obras del Periodo Azul. La obra fue pintada poco después del suicidio de su amigo Casagemas, cuando aún Picasso era un desconocido abriéndose paso en el inmenso Paris. La calma y serenidad que transfiere la figura del retratado, la austeridad de la obra, junto a su aspecto descuidado y su mostacho de joven bohemio, nos transfiere la imagen de un artista valiente y decidido, dispuesto a encontrar su propio camino pese a todas las dificultades que la vida pueda poner en él.