(en orden cronológico)
Alberto Durero:
Autorretrato como Ecce Homo, c.1500
Leonardo da Vinci:
Autorretrato, c.1512
Rembrandt van Rijn:
Autorretrato, 1659
Vincent van Gogh:
Autorretrato con la oreja vendada, 1889
Pablo Picasso:
Autorretrato, 1901
Egon Schiele:
Self-portrait, 1911
Max Beckmann:
Autorretrato con vaso de champagne, 1919
Frida Kahlo:
La columna rota (Autorretrato), 1944
Francis Bacon:
Autorretrato, 1971
Jean-Michelle Basquiat:
Autorretrato, 1982
acuarela y carboncillo, Nueva York, Metropolitan Museum of Art - Imágen cortesía del Metropolitan Museum of Art (www.metmuseum.org)

Pintor malogrado, muerto con tan solo 28 años de edad, Egon Schiele (1890-1918) es quizás el más expresionista de los expresionistas, autor de retratos descarnados en escorzos torturados, cuerpos mutilados según los designios del artista. Su obsesión por el retrato de lo oscuro e incluso obsceno (figuras masculinas masturbándose, desnudos femeninos en posturas poco recatadas) le provocó no pocos problemas, e incluso una breve estancia en la cárcel. Pero también la admiración –no siempre admitida- de sus contemporáneos. Hasta el idolatrado Klimt tuvo que admitir que el jovencísimo Schiele era “mejor dibujante que yo”.
“Mi ser, mi descomposición, trasplantado a valores permanentes, tiene que producir mi fuerza en otros seres más desarrollados (…) Soy tan rico que tengo que regalarme a otros” Ninguna otra figura satisface tanto al artista como la suya propia, disfruta de su autorrepresentación y desea que el mundo lo vea con sus propios ojos. Schiele, el narcisista brutal, llega incluso a prescindir del fondo del cuadro, anulando así cualquier distracción que pudiera competir con su “yo permanente”.