Diego Velázquez

Diego Velázquez: "Príncipe Baltasar Carlos a caballo ", 1636

Coleccion del Duque de Westminster

 

 

 

 

 

Wassily Kandisnky

Wassily Kandisnky: "Composición V", 1911

Ronald Lauder collection

 

 

 

 

Vincent van Gogh

Vincent van Gogh : "Retrato del Dr. Gachet", 1890

Colección privada

 

 

 

 

Pablo Picasso

Pablo Picasso: "Les noces de Pierrette", 1904

Colección privada, Japón

 

 

 

 

Paul Gauguin

 

Paul Gauguin: "Jinetes en la playa ", 1902

Colección Niarchos
OBRAS MAESTRAS PRIVADAS

Las pinturas más importantes en colecciones privadas

por G. Fernández - theartwolf.com
¿Qué pinturas de las que todavía permanecen en manos privadas son las más deseadas por el mercado del Arte? La pregunta es muy sencilla. Sin embargo, la respuesta -o respuestas- no lo son tanto.

Los críticos de arte dicen A. Los galeristas dicen B. El mercado del arte, un a veces indescifrable X. Por ejemplo, el lector probablemente recuerda todo ese asunto de cómo hace unos 20 años todavía se podía adquirir una obra maestra del impresionismo por unos escasos millones de dólares, mientras hoy en día cualquier magnate de prensa o propietario de una cadena de casinos está deseando gastarse 50, 60 ó incluso 70 kilos por un van Gogh "vulgar", y bla, bla, bla. O sea, la vieja historia acerca del mercado del arte y sus fluctuaciones que el Lobo no analizará aquí.

Pero más allá de modas y fluctuaciones, el Lobo ha seleccionado algunas obras que cualquier museo o coleccionista mataría por poseer.

Echemos un vistazo a los "viejos": Por ejemplo, "El Príncipe Baltasar Carlos a caballo", de Diego Velázquez, tiene toda la magnificencia que puedes esperar de una grandiosa pintura barroca. El joven Príncipe parece arrogante, orgulloso y confiado mientras domina el pequeño caballo en levade. Parece como si no necesitara en absoluto ninguna lección de los tres hombres que aparecen tras él. Los orgullosos padres contemplan la escena desde el balcón del fondo, en una actitud que traerá a la mente del espectador sagaz Las Meninas. Es un Velázquez supremo, y podría ser el orgullo de cualquier museo capaz de convencer al Duque de Westminster para que lo venda. Parece muy difícil, casi imposible, que esta escena pueda abandonar el Reino Unido, al menos de manera permanente. Lo mismo se puede decir de las tres obras maestras de la colección del Duque de Sutherland: el sublime Autorretrato de Rembrandt es quizás la pintura más importante de un antiguo maestro aún en manos privadas, mientras que los dos Tizianos, Diana y Calixto y Diana y Acteón (ambas pinturas poseen las mismas dimensiones y proporciones, concebidas como auténticos pendants ) tienen todo el esplendor y gloria -y, ejem, cursilería- de las mejores poesías de Tiziano. Una cosa en común de estas tres pinturas es que sus posibilidades de aparecer en el mercado libre están bajo cero.

Mientras que casi todas las obras maestras de los antiguos maestros están ya en museos públicos, hay aún bastantes obras "modernas" importantes en colecciones privadas.

Por ejemplo, Composición V , de Wassily Kandinsky, fue comprada por Ronald Lauder en 1998 por 50 millones de dólares, y en opinión del Lobo, el precio fue una ganga por el monumental, dinámico, magistral Kandinsky, cuyas obras más importantes raramente aparecen en el mercado. La pintura es una quintaesencia de la temprana la temprana abstracción.

Hablando de Wassily, el maestro ruso dijo una vez que "no hay en DEBE en el arte, porque el arte es libre". Bueno, el arte es libre, pero el mercado del arte no lo es, y hay un nombre que DEBE aparecer en esta lista: Vincent van Gogh. Así que la superestrella holandesa está representada aquí por dos obras: el famoso, publicitado Retrato del Doctor Gachet y el fabuloso Autorretrato con la oreja vendada . La historia del primero de ellos resume por si misma el "boom adquisitivo japonés" de finales de los 80 y principios de los 90: gran pintura, vendida por una cantidad astronómica a un japonés (Ryoei Saito), posteriormente arruinado, y el lugar de residencia de la obra es hoy por hoy un misterio. La segunda estuvo en su momento en la colección de Leigh B. Block en Chicago, y fue comprado posteriormente por la familia Niarchos. Ambas son obras maestras del post-impresionismo y dos de los retratos más famosos de la historia del Arte. ¿Cuál de las dos es la más valiosa? Bueno, escoge tú mismo, pero olvídate de ambas a menos que dispongas de un mínimo de 80 millones más o menos. Mucha pasta para dos tristes, magistrales rostros.

Otra víctima de la moda japonesa de "cómprame y olvídame" es El Molino de la Galette , de Renoir, comprado por Ryoe Saito (¿os suena este nombre.?) por 78.1 millones de dólares en Sotheby's , 1990, y vendido en 1997 a un coleccionista privado europeo por 50 millones (?) Aunque es tan sólo el "hermano pequeño" de la obra que puedes ver en el Orsay, muchos matarían por ser el propietario de la que algunos críticos han llamado "pintura más bonita del XIX" (perdónalos, señor Monet.) Algunas fuentes afirman que pronto volveremos a ver esta pintura en el mercado de nuevo. Bueno, especular es un deporte inofensivo.

La última de las "japonesas" es la maravillosa Les noces de Pierrette (Las bodas de Pierrette) , una obra maestra del Periodo Azul, 1904. Es la "Bella Durmiente" del mercado del arte, de la que se dice que está almacenada como un buen vino en una bodega de un banco desde los primeros 90. La pintura es sensacional en todos los sentidos, y concentra toda la magia, misterio y melancolía del Periodo Azul. ¿Cuánto vale? ¿Nueve cifras? Bueno, quizás pueda sonar ambicioso, pero si hay alguien dispuesto a pagar 104 millones de dólares por feo, arrogante y fumador garçon , entonces el cielo es el límite aquí.

Nada mejor que relajarse en la playa de una isla tropical, ¿verdad? ¿O tal vez prefieres un día en las carreras? Sea lo que sea, Jinetes en la Playa , de Gauguin (1902) lo tiene. En esta especie de tributo a las pinturas de carreras de Degas, Gauguin ha representado a los jinetes en una playa aparentemente infinita. Toda la pintura está impregnada del melancólico sentimiento de una despedida, como prediciendo la muerte del propio artista pocos meses después: los jinetes se aproximan tranquilamente hacia la costa, donde una ola rompiente marca el límite entre la tierra y el mar -o entre la vida y la muerte- de donde dos misteriosos y coloridos espíritus han aparecido, quizás para acompañar a los vivos en su último viaje. La hermosa y colorida obra es el testamento pictórico de Gauguin y una elocuente oda a la vida polinesia.

Y el último de la lista es sin embargo el favorito del Lobo. Llámalo "simpatía por el diablo", si quieres, pero el Lucifer de Jackson Pollock tiene la magnificencia de los Tizianos, el estudio psicológico del Rembrandt y la gloria y dinamismo del Kandinsky. Podría ser el orgullo de cualquier museo, más aún, es posiblemente una de las 10 obras más importantes del siglo XX. Algunas fuentes afirman que sus dueños han rechazado 50 millones por él, lo que es bastante comprensible, ya que Pollock en su máximo esplendor es excepcional.

De acuerdo, puedes añadir más nombres, si así lo deseas. George Embiricos posee un ejemplar de Los jugadores de cartas de Cézanne. El último episodio del Nastagio degli Onesti de Botticelli esta aún en una colección privada florentina. El feroz Rousseau La comida del león también está en manos privadas, mientras que los Wildenstein parecen tener una muy importante Madonna de Giotto. Y si hablamos de Arte contemporáneo, encontrarás importantísimas obras de Jasper Johns, Willem de Kooning o Jean Michel Basquiat.

Y, desafortunadamente para los neoyorkinos, la familia Warner es ahora la propietaria de dos muy queridos espíritus afines. Pero esa es otra historia que no discutiré aquí.


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